Salvador Brotons: “Lo más importante que me ha pasado en la vida es haberme ido a Estados Unidos”

Marc Amat
Por Marc Amat  |  27/10/2026

Compositor, director de orquesta y docente catalán, director musical de la Vancouver Symphony Orchestra.

El compositor y director de orquesta Salvador Brotons (Barcelona, 1959) lleva más de cuatro décadas viviendo con un pie en Catalunya y el otro en Estados Unidos. Formado en el Conservatori Superior de Música de Barcelona, en 1985 obtuvo una beca Fulbright que lo llevó a la Florida State University, donde se doctoró en música. Aquella experiencia transformó su trayectoria profesional y personal. Actualmente compagina la composición y la docencia en la Escola Superior de Música de Catalunya (ESMUC) con la dirección de diversas formaciones, entre las que destaca la Vancouver Symphony Orchestra, en el estado de Washington, que dirige desde 1991.

Una de sus composiciones, 3 Nocturns alla Chopin, formará parte del concierto «Nuevos mundos: Música entre América y Europa», organizado por el Instituto de Estudios Norteamericanos (IEN) el próximo 5 de noviembre, a las 18:30 h, en la Sala Oriol Bohigas del Ateneu Barcelonès. La cita se enmarca en la celebración del 75.º aniversario del Instituto y propone un recorrido por las conexiones musicales entre ambas orillas del Atlántico, a través de obras de compositores como Samuel Barber, Samuel Adler, Erich Wolfgang Korngold, Enrique Granados, Marc Migó y John Adams. Un programa que explora cómo las migraciones, el exilio y el intercambio de ideas han contribuido a configurar la música norteamericana.

Con motivo del concierto, hablamos con Salvador Brotons sobre sus raíces musicales, la influencia de Estados Unidos en su obra y las diferencias culturales que ha descubierto a lo largo de su carrera.

En 1985 se marchó a Estados Unidos con una beca Fulbright. ¿Cómo surgió aquella oportunidad?

Mi mujer y yo nos habíamos casado en 1983, siendo muy jóvenes, y nos planteamos si queríamos quedarnos toda la vida en Cataluña o vivir una experiencia en el extranjero. Yo tenía mucho trabajo aquí: era flauta solista de la orquesta del Liceu, segunda flauta de la Orquestra Ciutat de Barcelona y todavía estaba terminando mis estudios en el Conservatorio. Pero teníamos ganas de marcharnos. Coincidió que un profesor de la Florida State University vino a Barcelona a buscar música de compositores europeos y se interesó por mis obras. Le expliqué que quería estudiar en Estados Unidos y me ofreció la posibilidad de ir a su universidad. Mi mujer también podía estudiar musicoterapia. Tuvimos mucha suerte y nos fuimos a Tallahassee.

¿Fue un cambio muy grande respecto a Barcelona?

Brotons¡Fue un choque impresionante! Veníamos de Barcelona y llegamos a Tallahassee, una ciudad universitaria muy diferente. Me sorprendió mucho lo abiertos que eran los estadounidenses. Yo no había conseguido aprobar el examen de inglés antes de marcharme, pero me permitieron empezar los estudios con la condición de aprobarlo más adelante. Fueron muy flexibles. Aquella experiencia nos cambió la vida por completo. Siempre digo que lo más importante que me ha pasado en la vida es haberme ido a Estados Unidos.

¿Qué diferencias encontró entre la formación musical catalana y la estadounidense?

Eran sistemas completamente distintos. En Cataluña había recibido una formación muy buena, pero muy teórica y poco práctica. En Estados Unidos, en cambio, iban directamente a la práctica. Si escribías una composición, enseguida tenías músicos que la interpretaban. Aquí, en el Conservatorio, podías escribir muchas obras sin llegar a escucharlas nunca, salvo que consiguieras reunir a unos cuantos amigos. Con la dirección de orquesta ocurría algo parecido. En Florida pude ser asistente del director de la orquesta universitaria durante dos años, una experiencia extraordinaria para adquirir práctica. Además, tenían unos equipamientos, bibliotecas y recursos que aquí ni siquiera podíamos imaginar.

¿Qué le ha aportado Estados Unidos como director de orquesta?

Estados Unidos es mi segundo país. Allí he podido crecer profesionalmente y desarrollar una orquesta durante más de tres décadas. Cuando empecé a dirigir la Vancouver Symphony Orchestra era una formación pequeña y ahora se ha convertido en una orquesta muy importante de la costa oeste. Estoy muy orgulloso de ello. Una de las cosas que he aprendido es la importancia de conectar con la comunidad. En Estados Unidos, el público es fundamental para la supervivencia de una orquesta. Hay que saber llegar a él, preparar programas atractivos y conseguir que la gente se sienta parte del proyecto. Esa relación con la comunidad es esencial.

¿Cómo ha influido la tradición musical norteamericana en sus composiciones?

Brotons

Mucho. Yo ya conocía y admiraba a algunos compositores norteamericanos antes de marcharme, como Samuel Barber, pero en Estados Unidos descubrí a Aaron Copland y a muchos otros autores que me impresionaron. Todo ello me ha influido en la búsqueda de un sonido brillante, impactante y comunicativo. A mí no me interesa experimentar con cosas excesivamente extrañas. Me gusta que la música comunique, que haya contraste y que provoque un impacto en el oyente. La música de Leonard Bernstein, Aaron Copland o Samuel Barber siempre me ha gustado mucho y ha dejado huella en mi manera de componer.

¿Cómo ve actualmente el panorama musical catalán en comparación con el norteamericano?

Catalunya ha mejorado mucho. Cuando me marché, en 1985, las diferencias eran enormes, pero ahora tenemos instituciones como la ESMUC, mejores equipamientos y una formación mucho más completa. Aun así, sigo echando en falta la flexibilidad del sistema estadounidense. Allí los estudiantes pueden escoger buena parte de las asignaturas según sus intereses y objetivos profesionales. Aquí seguimos teniendo itinerarios demasiado rígidos. También hay diferencias en la gestión de las orquestas. En Catalunya muchas instituciones tienen presupuestos públicos asegurados, mientras que en Estados Unidos hay que ganarse constantemente el apoyo del público y de la comunidad. A mí me gusta mucho ese modelo, porque te obliga a mantener una conexión real con los espectadores.

¿Cree que en Estados Unidos existe una actitud más abierta hacia las diferentes tradiciones musicales?

Brotons

Sin duda. Siempre digo a mis alumnos que Estados Unidos es un lugar extraordinario para estudiar música. Si vas a Viena, encontrarás un ambiente musical magnífico, pero muy centrado en el repertorio vienés. En Francia también existen tendencias estéticas muy marcadas. En cambio, en Estados Unidos puedes encontrar prácticamente de todo. Conviven allí muchas tradiciones y maneras de entender la composición. Si tienes talento, puedes ser aceptado independientemente de tu estética. Creo que esa apertura tiene mucho que ver con el hecho de que es un país construido a partir de muchas culturas diferentes. Personalmente, siempre me he sentido muy cómodo con esa forma de pensar.

El concierto del 5 de noviembre incluirá sus 3 Nocturns alla Chopin. ¿Qué puede contarnos sobre esta obra?

Es una composición que escribí a raíz de un encargo vinculado a la conmemoración del aniversario de Chopin. Me propusieron crear una obra inspirada en su estilo y, por tanto, en este caso concreto, la influencia es mucho más europea que norteamericana. Busqué precisamente ese diálogo con el lenguaje de Chopin.

El programa también incluye una obra de Marc Migó. Marc estudió conmigo y es un compositor con mucho talento. También ha recibido una influencia importante de la música norteamericana y de mi propia obra. Es una persona muy dinámica que está consiguiendo desarrollar una carrera en Estados Unidos. Me hace mucha ilusión compartir programa con él. También está Samuel Barber, que considero uno de los mejores compositores estadounidenses de toda la historia, y otros autores muy interesantes, como John Adams, a quien he tenido ocasión de conocer. Todo ello constituye una magnífica oportunidad para escuchar estéticas diferentes y descubrir las conexiones entre las tradiciones musicales europeas y norteamericanas.

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