Ricard Gili: «Los valores que aporta la música de Jazz la convierten en una música muy especial»

Ricard Gili

Ricard Gili es arquitecto jubilado y se considera un aficionado al Jazz. Ha dedicado parte de su vida al estudio y la difusión del Jazz, y durante 50 años ha sido miembro y director de la Locomotora Negra, un grupo amateur de jazz catalán fundado en 1971, y en el que destacó como trompetista.

¿Cuál es el origen de tu pasión por el Jazz?

La afición me la indujo mi padre, el arquitecto Joaquim Gili. Él era aficionado al Jazz desde antes de la guerra. A mí y a mis hermanos, ya desde muy jóvenes, nos invitaba a escuchar jazz. ¡Nunca se lo agradeceré lo suficiente! Hasta que llegó un momento en que nos dimos cuenta de que esto del Jazz era otra cosa. Eran tiempos de los Beatles, los Shadows, los Animals …

También coincidió que donde veraneábamos, en Calella de Palafrugell, en el 62, un pianista francés, Jimmy Rena, y su esposa, Mano Rena, que tocaba la guitarra, abrieron un local llamado La Guitarra, donde formando trío con un batería, interpretaban Jazz. Mi padre se interesó y establecieron amistad. Venían a nuestra casa por la tarde, escuchaban discos, los comentaban … yo debía tener unos quince años y, con mis hermanos, fuimos entrando en este mundo. Nos suscribimos al boletín del Hot Club de Francia, revista que editaba Hugues Panassié, y que era amigo de estos franceses.

Los domingos por la mañana mi padre organizaba audiciones de discos de Jazz en casa, en Barcelona, ​​las “sesiones de la Locomotora Negra”, en las que cada vez participaba más gente.

Aún no tienes 20 años que ya eres un gran aficionado a la música Jazz. ¿Cuándo empiezas a hacer difusión?

Había empezado a dar conferencias sobre el jazz, pero fue una vez fundado el grupo La Locomotora Negra, que el pianista, Tòfol Trepat, quien era profesor de Historia del Arte en un instituto, me propuso que hiciera un seminario sobre Jazz a sus alumnos. Esto sería en 1972 o 73. El seminario duró todo el curso, un par de horas a la semana. Estos seminarios los hicimos durante 10 años donde ahora está la sede de la Fundación Catalana de Jazz Clàssic. Después hice un par más en el Instituto de Estudios Norteamericanos para un público diferente.

¿Qué tiene de especial la música de Jazz que te cautive tanto?

El Jazz tiene unos valores que me cautivaron particularmente. En primer lugar, los valores musicales. El ritmo que anima el Jazz, eso que llamamos el swing, tenía una agilidad, una flexibilidad y un dinamismo diferente, mucho más atractivo que los ritmos más «machacones» de la música de aquella época. La espontaneidad, la calidez, la emotividad de los músicos me llegaba mucho más. Por ahí me enganchó, por la parte rítmica. Pero había otra parte muy interesante que era la forma en que estos músicos interpretaban su instrumento, no era nada académica, no seguía una reglamentación, sino que cada músico lo hacía sonar a su manera, utilizaba sus recursos técnicos y sus capacidades físicas para expresarse de una manera muy personal. Podías reconocer cada músico por la forma en que interpretaba la música. Esto era muy interesante. En la música clásica reconoces el autor, en la música de jazz reconoces el intérprete.

Pero yendo más allá, desde un punto de vista sociológico, un hecho que he observado con los años es que nosotros, los europeos, o la civilización occidental en general, hemos tendido a hacer una dicotomía de lo popular y lo que es culto. Lo que es popular se tiende a despreciar. Y es evidente que con el consumismo la música dirigida a las masas ha bajado mucho su listón. Y por otra parte se cree que la música buena, la culta es para minorías, para una élite. Esta dicotomía entre calidad y popularidad la encontré una tontería en el momento que conocí el Jazz. Se podía hacer una música tan excelsa como la de Louis Armstrong, Duke Ellington o Art Tatum, que a la vez era popular. El Jazz rompía este falso dilema entre calidad y popularidad. Esto me acabó de enganchar, y de hecho es algo que me ha servido en muchos otros campos de la vida.

Eres un gran defensor del Jazz Clásico. ¿Qué es lo que te chirría del Jazz contemporáneo?

En estas últimas evoluciones del Jazz estos valores que te comentaba se han ido diluyendo. El ritmo, la espontaneidad, la agilidad, la manera tan cálida de tocar los instrumentos, tan expresiva y tan directa se va perdiendo. Aquellos valores que más nos enriquecían, los que estaban más lejos de nuestra concepción musical han ido desapareciendo. Se ha tendido a convertir el jazz en una música de élite, que rehacía esta dicotomía entre calidad y popularidad. Unos se han orientado hacia el jazz-rock haciendo una música más popular, pero de menor calidad desde el punto de vista jazzístico, y los otros a hacer algo más intelectual que tiende a ser una música más minoritaria.

En 2006 decide fundar la Fundación Catalana de Jazz Clásico.

Una de las tareas de esta fundación que me honra presidir, es dar oportunidad a una serie de músicos, empezando por los de aquí, que tienen mucho que decir y tocan con estilos jazzísticos muy diversos. Dar la oportunidad a los músicos de tocar, y la gente de poderlos escuchar en buenas condiciones. Esta oportunidad la ofrecemos ayudando en la programación de los ciclos de jazz en el Instituto d’Estudis Nord-americans, en el Centro Moral de Gracia y en otros lugares, como la programación de verano en el local que tanto me inspiró de joven, el Jazz Club La Guitarra de Calella de Palafrugell. También hacemos conferencias. Es la labor divulgativa de una música que creemos que no recibe la atención que merecería por parte de los medios.

Desde su origen el Institut d’Estudis Nord-americans había programado conciertos, conferencias y otras actividades relacionadas con el mundo del jazz. ¿Desde cuándo colabora con la Fundació Catalana de Jazz Clássic?

El primer acto que organizamos conjuntamente con el IEN fue un concierto benéfico en 2006. Fue poco después del desastre provocado por el Katrina. Un grupo de música jazz de New Orleans vino a tocar en el Institut d’Estudis Nord-americans para recoger fondos. Toda la recaudación fue para los músicos. Hasta editamos un CD: The Spirit of New Orleans. Live in Barcelona 2006

En Barcelona hay afición: hay diferentes espacios y festivales de jazz.
Relativamente, como en toda Europa. Quizás en Francia o Inglaterra es donde hay un sustrato más sólido, se han mantenido locales históricos como el Caveau de la Huchette de Paris que es de finales de los años 40. Un local donde siempre se ha hecho Jazz Clásico y donde se mantiene el ambiente del Jazz más auténtico, el original.

Aquí no hay tanta tradición. Si que ha habido locales que han intentado tener una cierta continuidad, pero pocos. El Jamboree tuvo que cerrar las puertas a finales de los años 60, después volvió a abrir en los años 90, pero no se puede decir que haya una intensa vida jazzística cotidiana en Barcelona.


Y en cuanto a los festivales van a buscar más el cartel, a llevar nombres importantes para atraer público, sean o no músicos de jazz. Esta es la cruda realidad. La falta de espacios donde el Jazz se interprete de manera cotidiana hace que jóvenes que son buenos, o muy buenos, no encuentren espacios donde tocar. La situación no es demasiado optimista, hay más músicos que oportunidades de tocar.

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