Tori Sparks: “En Barcelona encontré un hogar donde crecer musicalmente”

Tori Sparks

Fotografia: Luis Lecumberry

Por Marc Amat

Tori Sparks (Chicago, 1983) es una cantautora norteamericana que encontró en Barcelona la ciudad perfecta para hacer crecer su proyecto musical. Después de publicar cinco discos en Nashville y de dar varias giras de conciertos por los Estados Unidos, decidió cruzar el charco para empezar una nueva vida en Barcelona, desde donde ha seguido dando a conocer sus canciones por varios países de Europa. Junto con el trío de flamenco fusión Calamento y el guitarrista El Rubio, el repertorio de Sparks mezcla con maestría toques de rock, folk, blues y flamenco. 

Tu pasión por la música nació ya de muy pequeña, cuando aún vivías en Sarasota.

Cuando somos pequeños, no sabemos por qué nos atraen las cosas: a mí, los instrumentos siempre me han fascinado. De hecho, cuando solo tenía tres años, ya le pedía clases de piano a mi madre. En la escuela, empecé a estudiar violonchelo, un instrumento que me encanta por su tesitura, muy parecida a la de la voz humana. Fue cuando cumplí 13 años que descubrí la guitarra, el instrumento que más me ha acompañado desde entonces. 

¿Recuerdas la primera canción que compusiste con ella?

No, pero sí que recuerdo algunas de las primeras, como ‘Lay your head down’, que, de hecho, no está en ninguno de mis discos. En aquella época, intentaba componerlas con muchos acordes distintos, para intentar crear algo diferente y más original, pero con el paso del tiempo te das cuenta de que la mayoría de las grandes canciones del mundo tienen progresiones bastante simples.

En la universidad, estudiaste música, pero también teatro. 

El teatro era mi pasión desde que tenía 7 años. Cuando llegó el momento de ir a la universidad, recibí una beca para estudiar en la Florida State University. Se trataba de una beca académica y de teatro. Empecé cursando asignaturas de especialidades que me interesaban, como teatro, antropología, francés, musicología, marketing, negocios… Se puede decir que hice el camino inverso al de la mayoría de estudiantes en Estados Unidos, dónde lo habitual es empezar con asignaturas troncales.

En mi primer año en la universidad también fue cuando hice mis primeros conciertos en acústico. A raíz de aquí, mis intereses empezaron a cambiar. Decidí hacer la prueba para poder entrar en el programa de música de la universidad, y me centré más en estudiar música y producción musical. Aun así, no quería sacarme el título de música clásica ni de teatro: simplemente me apetecía aprender lo que me interesaba más de los dos campos, que se combinan bastante bien, porque obligan a preparar el material en solitario y luego traducirlo en una actuación frente un público.  

Cuando llegó el momento de graduarme, lo hice con el título de negocios internacionales, con especializaciones en idiomas, teatro, y música. Estudié siempre lo que creí que me serviría y me gradué con la titulación que encajaba con las asignaturas que cursé.

¿En qué momento decidiste que seguirías el camino de cantautora? 

Cuando estaba intentando combinar los estudios teatrales con mis primeros conciertos, ya me di cuenta de que eran dos actividades complicadas de compaginar por los horarios. Y elegí la música. Empecé yendo a locales de micrófono abierto. Di mi primer concierto en acústico en el Black Dog Café de Tallahassee, en Florida, al lado de un lago. Fue muy bonito. 

Recuerdo que estaba nerviosa: cantar y tocar amplificada es muy distinto a hacerlo en casa. Tocar sola durante muchos años ha sido un buen entrenamiento, especialmente para aprender a interactuar con el público.

Con solo 18 años ya publicaste tu primer EP: ‘Tidewaters’.

Fue en 2003. Tenía 4 canciones, grabadas en Florida, de manera muy casera y con músicos que conocí en la universidad. No tenía grandes expectativas: simplemente quería probar de grabar para tener algo para vender en los conciertos. Todavía estaba en un momento de transición, en que aún no tenía claro sí quería desarrollar la carrera musical. Honestamente, no sé cómo, pero ese disco llegó a manos de una discográfica en Nashville y empecé a trabajar con ellos. 

El primer álbum o LP, ‘Rivers + Roads’ lo grabé en Nashville, yendo allí algún fin de semana cuando podía, porque todavía estaba estudiando en la universidad. Lo saqué con ellos en 2005, justo después de graduarme.

‘Rivers + Roads’ tuvo muy buena acogida. ¿Te lo esperabas?  

A veces, las cosas son bonitas cuando no las esperas, un poco como cuando te enamoras. Me mudé a Nashville en enero de 2005 para poder trabajar mejor con el equipo. La discográfica debería haberse encargado de promocionar el álbum y de organizar las giras, pero no lo hizo, así que grabé yo misma un videoclip y empecé a buscarme conciertos. Hacían cosas bastante terribles, tanto a mí como a otras artistas, pero seguí con ellos durante un año. Cuando tienes 21 años y un montón de hombres de 50 y 60 años te dicen que no conoces la industria, al principio los escuchas. Tenía un contrato con ellos, pero en 2006 rompí con el sello y seguí de gira por gran parte de los Estados Unidos, intentando promocionar el álbum a través de la prensa y la radio independiente. 

Aquella discográfica hacía un montón de cosas mal hechas: no solo poco éticas, sino también ilegales. Por eso me alejé de ella. Por lo que he podido saber, soy la única artista que trabajaba con ellos en aquella época que no ha dejado completamente la música. 

Fotografia: Ramon Hortoneda

Después vino la publicación de ‘Under This Yellow Sun’; ‘The Scorpion in the Story’ y ‘Until Morning/Come Out of the Dark’, discos que muestran tu evolución musical. ¿Cómo la definirías?

En 2007 grabé el disco ‘Under This Yellow Sun’. Lo saqué con mi propia discográfica, Glass Mountain Records.  Si eres una discográfica es más fácil organizar la distribución que si eres una artista que se autoedita sus álbumes. Fue el primer álbum que produje yo, con la ayuda del ingeniero de sonido y un muy buen multi-instrumentista, David Henry. Comparado con el disco anterior era más rock y tenía toques de música de raíces. Era mucho más orgánico y menos pop, por lo cual me sentía mucho más cómoda. Hay varias canciones de este disco que aún sigo tocando en los conciertos. 

En 2009 publiqué ‘The Scorpion in the Story’, una colección de canciones que escribí estando de gira, sobre los personajes que conocí viajando. De hecho, en el arte del disco hay un mapa de los Estados Unidos que muestra la ciudad donde fue escrito cada tema. La producción de ese álbum seguía la línea del álbum anterior, pero le dimos un toque más acústico y utilizamos instrumentos de una forma más excéntrica. 

Ya en 2011 saqué ‘Until Morning/Come Out of the Dark’, que aparecieron justo antes de mudarme de Nashville a Barcelona. Se llama así porque son dos EP de siete canciones cada uno, y cada EP cuenta una experiencia específica. ‘Until Morning’ es un poco más oscuro y rockero, y habla de cositas que pasaban en Barcelona, aunque todavía no vivía allí. ‘Come Out of the Dark’ contiene algo más de esperanza, más influencias del folk y del country alternativo, y habla de cosas que pasaron en Nashville. En aquel momento, mi vida estaba dividida en dos y quedó reflejado en las canciones del álbum. Este álbum contó con varios artistas invitados: grandes voces como Paris Delane, Shawn Mullins o Mike Farris.

Los tres álbumes fueron grabados con David Henry en su estudio en Nashville, con grandes músicos de allí. Digo “grandes” no en el sentido de ser conocidos, aunque lo son, sino porque eran músicos capaces de adaptarse a casi cualquier estilo y sacar lo mejor de cada canción. No tienen ningún ego, simplemente quieren hacer buena música. Dos de mis favoritos son Viktor Krauss, gran bajista que ha sacado discos en solitario que también toca con Lyle Lovett, y Fats Kaplin, que interpreta un sinfín de instrumentos. Una vez, vino a Barcelona de gira como miembro de la banda de Jack White, ¡y les pude enseñar a hacer pan con tomate! Son personas impresionantes que me han enseñado un montón de cosas. Sin mi experiencia en Nashville con ellos, no hubiera podido hacer todo lo que hice cuando decidí mudarme a Barcelona.

¿Qué te trajo a vivir a Barcelona?

La verdad es que, cuando me mudé a Barcelona, no tenía ningún vínculo con la ciudad. Quería encontrar un lugar que fuera mi base en Europa, para seguir haciendo giras en este lado del mundo. Las giras que había hecho en Estados Unidos me habían ido muy bien y después de 7 años viviendo en Nashville, también necesitaba un cambio. 

Estaba pensado en mudarme a París, porque ya había estudiado allí hacía años y conocía la ciudad, pero decidí que me sentiría más en casa en Barcelona. Fue algo muy instintivo, no había mucha lógica detrás, más allá de que me gustaba. Si me hubiera mudado a Francia, mi vida habría sido muy distinta.

Pero no lo hiciste y te quedaste en Barcelona. De hecho, empezaste a cantar también en español y a rodearte del trio de flamenco fusión Calamento, junto con el guitarrista El Rubio. 

El siguiente disco lo llamé ‘El Mar’ y fue el primero que grabamos aquí, en Barcelona, en 2014. El título del álbum viene del título de la primera canción que había escrito en español, tres años antes. Me acuerdo que, cuando la compuse, no hablaba ni una palabra de español. De hecho, tenía que preguntar a mi guitarrista si la letra estaba bien gramaticalmente. Se llamó ‘El Mar’ porque para mí es una metáfora de transformación, del viaje que hice para llegar a ese momento musical, personal y profesional. 

Aquel álbum fue un experimento, una colaboración. En aquel momento no pensaba que el repertorio que montamos con Calamento se convirtiera en mi proyecto principal, como ha acabado sucediendo. A Calamento los conocí en un concierto benéfico donde tocaban varios grupos. Empecé a colaborar con el percusionista, haciendo conciertos en acústico de mi repertorio de los álbumes anteriores, y a veces también a trío con El Rubio, con quien hice las sesiones de grabación para el disco ‘El Mar’.

Luego, fui artista invitada en algún concierto de Calamento, cantando un par de temas con ellos y de allí nació la idea de montar un repertorio juntos. Al principio fue un side project para todos, pero se convirtió en mi proyecto principal. El repertorio tenía toques de mis influencias y las suyas. Fue todo muy orgánico y me gustó muchísimo. El Rubio había aportado cosas que funcionaron muy bien en el disco, y nos convertimos en un quinteto. 

Al final esa dualidad de guitarra eléctrica y flamenca es lo que define el sonido del grupo, igual que el contraste de una voz bluesera y rockera combinada con ritmos de una bulería.

La música es música: el rock, el flamenco, el jazz, el metal y otros estilos tienen mucho más en común de lo que podría parecer a primera escucha. Las etiquetas solo son herramientas de marketing: no definen lo que es la música. La gente que se obsesiona demasiado con los géneros musicales pierde muchas oportunidades de descubrir música nueva y bonita.

¿Qué diferencias encuentras entre el panorama musical de los últimos años en Cataluña y el de los Estados Unidos?

En los Estados Unidos hay mucha más infraestructura del negocio de la música comparado con Catalunya o España. Estoy hablando en general, pero también en concreto de las ciudades de Los Ángeles y Nueva York, donde pasaba bastante tiempo, y de Nashville, donde vivía antes de mudarme aquí. Hay pocas ciudades tan metidas en el mundo de la industria de la música como Nashville. 

Allí la industria está más desarrollada. Esto tiene su lado positivo y negativo. Por un lado, echo de menos ciertas cosas de allí, donde todo funcionaba de manera más clara. Por otro lado, a veces se pierde la perspectiva sobre la música cuando todo está tan enfocado al negocio. Los dos sitios tienen sus cosas buenas, pero también fallos.

Fotografia: Frank Eggers

En septiembre de 2018, hiciste una de las cosas más difíciles para cualquier músico: editar un disco grabado durante un concierto en directo. ¿Cómo fue la experiencia?  

Fue un gran reto. Como bien dices, no es fácil que la grabación de un concierto salga suficientemente bien para que quede como un disco grabado en estudio. Hacía falta prepararlo mucho. La banda trabajó un montón, de forma individual y en grupo. Lo más difícil para mí fue tener que coordinar la enorme producción: la logística, los ensayos, los cambios de arreglos, las intervenciones de los artistas invitados, aspectos técnicos de la sala, el sonido, las luces, la grabación de sonido, la grabación del video, el componente audiovisual, las entradas, las invitaciones de prensa, la zona VIP, su catering, el vestuario y maquillaje… Y, a la vez, (en teoría), tenía que dar el mejor concierto de mi vida como artista. 

En este momento había terminado de comprar y reformar mi casa y de hacer la mudanza, y también de separarme. Mi madre estaba de visita. Estaba un poco loca de estrés. De hecho, fue una experiencia estresante a tope, pero también uno de los momentos más bonitos e importantes de mi vida. Estoy muy agradecida de haber tenido la oportunidad de hacerlo, y a todo el mundo que participó. Por eso, el nombre de cada persona que estaba allí aquella noche está incluido en los créditos del disco. Aunque para mí fue un reto complicadísimo de organizar, no hubiera sido posible sin todos los demás.

Y entonces, al cabo de un año, llegó la pandemia. ¿Cómo afectó al proyecto?

Nos cancelaron giras por Alemania, Marruecos, Estados Unidos y muchos conciertos en España. Fue un palo, porque me sabía fatal tener que dar la noticia a la banda, que habían invertido tanto de sí mismos; por los fans, que esperaban estos conciertos y por las salas, que habían apostado por nosotros una y otra vez. 

Aparte de las pérdidas económicas, que no fueron pocas, me sentía muy, pero que muy mal por tener que dar tantas noticias de cancelaciones a mi fantástico equipo. Pero aquí estamos, sanos y salvos 18 meses después, y seguiremos adelante.

A pesar de la pandemia, no paraste de hacer música. ¿Cómo ves el futuro? 

Creo que nadie sabe lo que nos depara el futuro. No lo digo de manera hippie: la pandemia nos lo ha demostrado. Caminar por la industria de la música siempre ha sido un camino complicado. Es una profesión lamentablemente muy inestable, con sus sorpresas absolutamente bonitas y también sus cosas terribles. 

Durante la pandemia, con mi sello he sacado un disco recopilatorio, ‘Amor en Los Tiempos de Cuarentena’, con música de varios grupos de la escena local y nacional. También hice conciertos cada sábado desde mi balcón para mis vecinos durante el confinamiento, y luego hicimos conciertos en streaming a trío y con toda la banda. Además, como fui la Secretaria del Sindicato de Músicos de Catalunya en 2019 y 2020, hice bastantes entrevistas llamando la atención de la situación precaria de los músicos, los técnicos, y los demás profesionales que viven de la cultura. 

También grabamos un single en confinamiento y un videoclip, ‘The Man Who Sold the World’. Ahora han cogido un tema nuestro para la banda sonora de una serie de Netflix que se llama Sky Rojo, gracias un contacto que hice por azar en el último concierto en Madrid, el día antes del comienzo del estado de alarma, en marzo de 2020. Este verano también formé parte de una iniciativa internacional que se llama Global Music Match, que contaba con la colaboración de 78 artistas de 17 países de 4 continentes.

Por cada oportunidad que me sale bien, he invertido literalmente cientos de horas, o más, en posibilidades que no han salido. Creo que todos y todas que han forjado su propia carrera en cualquier industria podría decir lo mismo. Es trabajar, buscar caminos no tan tradicionales, seguir aprendiendo, intentar ayudar a los demás cuando puedas, y nunca dejar de luchar. Así es como se sigue adelante.

Aun así, mi objetivo en el futuro no solo es conseguir oportunidades y trabajo para mí. Tengo la gran suerte de estar rodeada de gente que valoro muchísimo, tanto como profesionales como seres humanos, y parte de mi lucha es hacer todo lo que pueda para cuidar de este entorno. Los músicos y técnicos que colaboran conmigo, los fotógrafos y periodistas que nos apoyan, las salas y las tiendas de discos que siempre han apostado por nosotros y también por otros artistas independientes, los fans… Siempre quiero darles el crédito y las gracias que merecen. El mundo de la música no es fácil, y ellos son una gran parte de la razón por la que sigo en ello después de veinte años.

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