Zach Carwile: “La seguridad en la investigación solo funciona cuando los gobiernos y las instituciones académicas colaboran; ninguno puede hacerlo por sí solo”

Zach Carwile
Bego Grau
Por Bego Grau

En una era en la que el conocimiento viaja más rápido de lo que las fronteras pueden contenerlo, la investigación científica se ha convertido en algo más que una actividad académica: es un activo estratégico. Los laboratorios, las universidades y los centros de investigación se sitúan hoy en la intersección entre la innovación, el poder económico y la seguridad nacional. El término “seguridad en la investigación” ha surgido para describir esta realidad en evolución, pero su significado, sus implicaciones y sus límites a menudo se malinterpretan.

Zach Carwile es Director Asociado del Research and Innovation Security and Competitiveness (RISC) Institute en el Texas A&M University System, donde trabaja en la intersección entre el ámbito académico, la industria y el gobierno para fortalecer las prácticas de seguridad en la investigación. Anteriormente se desempeñó como Subjefe de Seguridad en la Investigación del sistema A&M, centrándose en proteger la integridad de la investigación sensible financiada por el gobierno de Estados Unidos.

Antes de asumir responsabilidades en el ámbito de la educación superior, dedicó 30 años al servicio de la seguridad nacional estadounidense, incluyendo funciones en el Ejército de los Estados Unidos y en el Buró Federal de Investigaciones (FBI), donde trabajó en la protección de la propiedad intelectual, la investigación y las infraestructuras críticas.

Carwile es uno de los expertos invitados al US & EU Barcelona Meeting, organizado por el IEN, donde voces destacadas de ambos lados del Atlántico se reúnen para reflexionar sobre seguridad, gobernanza y cooperación transatlántica en un contexto global en rápida transformación.

Para una audiencia que se encuentra por primera vez con el término, ¿cómo definiría la seguridad en la investigación?

“La seguridad en la investigación” consiste en salvaguardar el ecosistema de investigación frente a la apropiación indebida, el uso indebido y las interferencias. En Estados Unidos, se ha definido como la protección de la investigación y el desarrollo frente a amenazas que puedan dañar la seguridad nacional o económica, comprometer la integridad de la investigación o implicar interferencias de gobiernos extranjeros.

En el contexto europeo, ideas similares aparecen bajo términos como “seguridad del conocimiento”, “investigación de confianza” o “internacionalización responsable”. Todos estos conceptos apuntan al mismo objetivo: proteger la integridad de la investigación al tiempo que se permite que prospere.

La seguridad en la investigación solo funciona cuando los gobiernos y las instituciones académicas colaboran; ninguno puede hacerlo por sí solo.

¿Por qué la seguridad en la investigación se ha convertido en una preocupación central para las instituciones de investigación estadounidenses en los últimos años?

Zach CarwileEl ecosistema de investigación se basa en la apertura, la transparencia, la reciprocidad y la competencia basada en el mérito. Estos principios son fortalezas, pero también pueden generar vulnerabilidades. Muchos países consideran ahora que la seguridad en la investigación es esencial para sus intereses nacionales. Algunos competidores globales están dirigiendo activamente sus esfuerzos a explotar entornos de investigación extranjeros para adquirir conocimientos de vanguardia a menor coste y en plazos más cortos.

¿Por qué la seguridad en la investigación es algo más que una cuestión de cumplimiento normativo para las universidades?

La divulgación no autorizada de investigación puede poner en riesgo la reputación de un investigador y sus oportunidades futuras de financiación. Abordar estos riesgos no es, por tanto, únicamente una cuestión de cumplimiento, sino una responsabilidad institucional fundamental. Las instituciones que aplican medidas sólidas de seguridad en la investigación están mejor posicionadas para competir por financiación y colaborar a nivel internacional.

¿Por qué la investigación se ha convertido en un asunto tan estratégico en la competencia global?

Zach Carwile

La investigación científica impulsa tanto el avance económico como el militar. Algunos competidores estratégicos buscan adquirir investigación extranjera para acelerar sus capacidades militares. En ciertos países, políticas como la fusión civil-militar exigen que universidades e industria privada apoyen directamente los objetivos de defensa nacional.

Investigaciones concebidas con fines civiles o humanitarios pueden desviarse hacia aplicaciones de vigilancia o militares sin que el investigador original lo sepa. Más allá de las implicaciones militares, la apropiación indebida de tecnologías de vanguardia, como productos farmacéuticos avanzados o el diseño de semiconductores, amenaza la seguridad económica. Y la seguridad económica es inseparable de la seguridad nacional.

¿Cómo se ha convertido la investigación científica y la innovación en un ámbito central de competencia geopolítica?

Un ecosistema sólido de investigación es vital para la resiliencia social. Por ejemplo, la inversión en investigación biomédica mejora la salud pública y la calidad de vida. La investigación en infraestructuras refuerza la estabilidad económica. Estas mejoras hacen que los países sean más competitivos a nivel global.

Las sociedades más saludables, con ecosistemas dinámicos de innovación, atraen inversión y talento altamente cualificado. El liderazgo científico se traduce, por tanto, en oportunidades económicas e influencia geopolítica. El conocimiento se ha convertido en una forma de poder.

Los debates públicos suelen asociar la seguridad en la investigación con el espionaje. ¿Cómo ha evolucionado el panorama de amenazas más allá del espionaje tradicional?

Zach Carwile

El espionaje sigue siendo una realidad. Algunos Estados utilizan actores vinculados a sus servicios de inteligencia para llevar a cabo esfuerzos clandestinos destinados a obtener investigación extranjera, a menudo con el objetivo de apoyar el desarrollo militar. Sin embargo, las amenazas no se limitan a actores estatales; individuos pueden intentar apropiarse indebidamente de investigación por beneficio personal, impulsados por ambición, incentivos financieros o ego.

También existe el riesgo de actores internos de confianza. Un investigador puede comprometer la seguridad de forma intencionada o simplemente por no seguir los protocolos establecidos. Incluso sin intención maliciosa, mecanismos de seguridad deficientes pueden poner en riesgo años de trabajo. Por tanto, la seguridad en la investigación requiere atención no solo frente a amenazas externas, sino también ante vulnerabilidades internas.

La colaboración abierta ha impulsado históricamente el progreso científico. ¿Por qué se está reevaluando ahora esta apertura?

Sostendría que la apertura en sí misma no está siendo cuestionada. La apertura y la reciprocidad son fundamentales para la vida académica. La colaboración entre disciplinas y fronteras impulsa el descubrimiento y la innovación.

Lo que está cambiando no es el compromiso con la apertura, sino la evaluación del riesgo dentro de las colaboraciones. Como receptores de financiación pública, las instituciones deben comprender con quién están colaborando e implementar medidas razonables para proteger la investigación frente a usos indebidos. El objetivo no es restringir la colaboración, sino gestionarla de manera responsable.

¿Cómo pueden los gobiernos y las instituciones abordar el riesgo sin caer en generalizaciones o discriminación?

Zach Carwile

El punto de partida debe ser siempre el “qué”, no el “quién”. Primero debemos determinar qué categorías de información o material requieren protección.

A partir de ahí, las decisiones sobre el intercambio deben basarse en el tipo de tecnología, los riesgos documentados y las normativas nacionales, como los marcos de control de exportaciones. Las restricciones deben fundamentarse en las posibles aplicaciones de la tecnología, no en la etnia o la nacionalidad. La evaluación del riesgo debe ser precisa, proporcional y basada en evidencias.

En ámbitos como la IA, la biotecnología o la computación cuántica, la investigación civil puede tener implicaciones militares. ¿Cómo deberían las sociedades abordar la innovación de doble uso sin frenar el progreso?

La fuente de financiación y la clasificación de los datos son factores clave. La investigación financiada por agencias de defensa o que implique datos propietarios puede requerir controles adicionales. Determinadas áreas tecnológicas, como la inteligencia artificial, la biotecnología y la computación cuántica, presentan claros riesgos de doble uso. Las instituciones deben trabajar estrechamente con los equipos de investigación para comprender tanto las aplicaciones previstas como las no previstas de su trabajo.

La protección de tecnologías de doble uso comienza por comprender el portafolio de investigación y desarrollar criterios claros, basados en la tecnología, para establecer salvaguardias.

¿Qué debería extraer Europa de la experiencia estadounidense?

Zach Carwile

Las instituciones de investigación dependen en gran medida de la orientación de los gobiernos respecto a qué tecnologías merecen un mayor escrutinio. En Estados Unidos, existe una coordinación creciente entre agencias federales y el ámbito académico. Las entidades gubernamentales publican listas de tecnologías críticas y emergentes, lo que ayuda a las instituciones a priorizar salvaguardias.

Programas, como el Trust Framework de la National Science Foundation, se centran primero en las áreas más sensibles, como las tecnologías cuánticas. Europa está comenzando a avanzar en una dirección similar mediante recientes recomendaciones del Consejo sobre seguridad en la investigación.

Si la seguridad en la investigación se convierte en una cuestión definitoria de la próxima década, ¿qué malentendidos deben superarse?

El malentendido más urgente es que fortalecer la seguridad en la investigación exige sacrificar la apertura. No es así. La apertura es esencial para la innovación. Pero también debemos reconocer que los adversarios pueden explotar esa apertura. El desafío consiste en gestionar el riesgo en las colaboraciones internacionales, especialmente los conflictos de interés y de compromiso, antes de que comiencen los proyectos.

El progreso depende de una mayor implicación entre gobiernos e instituciones de investigación. Juntos deben desarrollar marcos de gobernanza que sean prácticos, sostenibles y protectores, sin socavar el espíritu colaborativo que hace posible la investigación. La seguridad en la investigación no consiste en cerrar puertas, sino en garantizar que, cuando las abrimos, lo hacemos de manera responsable.

Zach Carwile, es uno de los ponentes del US & EU Barcelona Meeting. 2026. Asegurar la alianza del mañana: Reimaginando la seguridad transatlántica en un mundo cambiante.

Jueves, 26 de Marzo

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