Pau Riba (18 años): “Estudiar en los Estados Unidos me está haciendo crecer mucho en el ámbito profesional y personal”
Estudiante de Composición para cine a la Berklee College of Music, en Boston, y exmiembro del IEN Competitive College Club (CCC)
En los Estados Unidos hay más de 4.000 centros universitarios en todo el país. Ahora bien, acceder no es sencillo. El sistema de admisión no tiene nada que ver con el de las universidades catalanas: no hay nota de corte. En cambio, los centros valoran aspectos como el perfil del alumno, sus intereses, el recorrido previo y hasta qué punto encaja con el tipo de talento que quieren atraer. Para facilitar al alumnado catalán poder formarse en los Estados Unidos, el IEN forma parte del programa EducationUSA, la red oficial del Departamento de Estado de los EE. UU. que ofrece asesoramiento académico a estudiantes internacionales que quieren dar el paso.
Una de las herramientas clave del programa es lo Competitive College Club (CCC), un espacio que brinda asesoramiento continuado durante dos años a estudiantes mientras cursan bachillerato. Durante este tiempo trabajarán para preparar una solicitud de admisión en universidades norteamericanas lo más destacable posible. Actualmente, el periodo para solicitar formar parte del CCC 2026 está abierto. Las personas interesadas pueden escribir a barcelona@educationusa.org.
Este mes, hablamos con en Pau Riba, estudiante de 18 años de Composición para Cine en la Berklee College of Music, en Boston, y que ha formado parte del Competitive College Club en el Instituto de Estudios Norteamericanos de Barcelona. Nos explica cómo está siendo su experiencia académica y personal en los Estados Unidos.
¿Qué te ha hecho ir a estudiar música a los Estados Unidos?
La música siempre ha estado muy presente en mi vida: empecé con el piano cuando tenía cuatro años y, desde muy pequeño, tuve claro a que me quería dedicar a ello. Me gusta mucho la música y también el cine, así que estudiar música para películas era una manera natural de unir estas dos pasiones. Estudiar en los Estados Unidos me está haciendo crecer mucho en el ámbito profesional y personal.
¿Cuándo decidiste que querías dar el paso de irte a estudiar fuera?
No fue una decisión inmediata. Al principio me hacía respeto marcharme, porque todos mis amigos se quedaban aquí. Pero con el tiempo entendí que, por el tipo de estudios que quería hacer, marcharme fuera era casi imprescindible. Fue un proceso de mentalización largo, de casi dos años, que me ayudó mucho a hacer el paso con tranquilidad. Aquí no existe un grado específico en música para cine. Hay cursos y formaciones puntuales, pero no un itinerario universitario como el que ofrecen algunas universidades de los Estados Unidos. Sabía que allí había opciones muy concretas y especializadas, y por eso decidí buscar directamente fuera.
¿Cómo viviste el proceso de admisión en una universidad norteamericana?
Es un proceso muy complejo y muy diferente al de aquí. Hay mucha burocracia, muchos ensayos, plazos y requisitos. Sinceramente, creo que a solas no lo habría podido hacer. Necesitas alguien que te ayude a estructurarte y a entender qué te pide cada universidad en cada momento.
¿Hiciste todo el proceso acompañado por el Competitive College Club (CCC) del IEN? ¿Cómo fue?
Fue clave. En el CCC teníamos un seguimiento muy personalizado, con reuniones cada dos semanas y también momentos de asesoramiento individual. Te ayudan a entender qué tienes que hacer, qué te falta, cómo mejorar los ensayos y cómo enfocar cada candidatura. En una etapa con mucho estrés. Este acompañamiento te da orden y seguridad.
¿Cuál fue el momento más difícil de todo el proceso?
Ver que se acercaban las fechas límite y que todavía quedaban muchas cosas por hacer. El volumen de trabajo es grande y cuesta mucho compaginarlo con el bachillerato y los estudios musicales. Pero, una vez ya ha pasado, ves que todo el esfuerzo ha merecido la pena.
¿Qué diferencias principales has notado entre el sistema universitario de los Estados Unidos y el de Cataluña?
La diferencia más grande es el enfoque. Aquí el aprendizaje es mucho más práctico y orientado a proyectos reales. No se trata tanto de aprobar asignaturas como de construir un recorrido propio: lo que cuenta es qué haces, con quién trabajas y qué proyectos desarrollas a lo largo del grado. Tienes mucha libertad para explorar, para colaborar con otros estudiantes y para combinar disciplinas. Puedes trabajar con músicos, pero también con estudiantes de producción, de cine o de music business. Esto genera un ecosistema muy rico y muy conectado con el mundo profesional.
¿El ecosistema es muy diferente al de Cataluña?
En los Estados Unidos tienes acceso a estudios de grabación, a músicos con quién colaborar e incluso a orquestas para interpretar tus composiciones. Puedes grabar, hacer conciertos y poner en práctica tus ideas casi de manera inmediata. Esto, en Cataluña, es mucho más difícil. En cuanto al nivel de exigencia, no es una carrera especialmente difícil de aprobar, pero esto no quiere decir que sea fácil. El título por sí solo no sirve de mucho: lo que realmente importa es lo que has hecho más allá de las clases. Por eso hay que buscar proyectos, conciertos, colaboraciones y experiencias extracurriculares desde el primer día.
¿Y hay mucha competitividad entre el alumnado?
No especialmente. Obviamente, todo el mundo quiere hacerlo bien, pero el ambiente es muy colaborativo. A diferencia de algunos entornos más clásicos, aquí la gente se ayuda mucho. Más que competir entre nosotros, cada uno intenta superarse a sí mismo. Los contactos que haces en la universidad son clave y te pueden abrir muchas puertas en el futuro. De hecho, sales mucho más encarrilado al mercado laboral norteamericano que si no hubieras estudiado aquí y vinieras a buscar trabajo.
¿Cómo es la vida en el campus? ¿Cómo te has integrado?
La vida en el campus es muy activa. Siempre hay actividades, conciertos, ensayos o propuestas para hacer. Esto hace que integres muy rápidamente. Conoces gente de todo el mundo y convives con culturas muy diferentes, cosa que te obliga a abrir la mente y a aprender a relacionarte con perfiles muy diversos. Además, siempre acabas encontrando alguien de Cataluña. Hay catalanes repartidos por todo el mundo, también en las universidades norteamericanas, y esto ayuda a sentirte algo más en casa.
¿Cómo es tu día a día como estudiante?
Depende mucho de los proyectos que tenga en cada momento. Tengo clases fijas como piano, armonía, music business o introducción a la composición para cine, pero también muchos ensayos y trabajos prácticos. Además, a menudo hay conciertos o proyectos paralelos que surgen casi de manera espontánea. En el campus lo tienes todo muy concentrado: clases, residencia, espacios de ensayo, actividades sociales… Esto hace que hagas amigos enseguida y que no tengas mucho tiempo para añorar tu casa. Al principio cuesta despedirse de la familia, pero en pocos días ya estás inmerso en la dinámica del campus.
¿Cómo te imaginas tu futuro una vez acabes el grado?
Todavía no lo tengo del todo claro. El panorama laboral en el mundo del cine y la música es muy amplio y no sé dónde me llevará el trabajo. Lo que sí sé es que la experiencia y los contactos que estoy haciendo aquí serán clave, ya sea para quedarme en los Estados Unidos o para volver en algún momento.
¿Qué consejo darías a un estudiante que se esté planteando estudiar en los Estados Unidos?
Que se lo mire con tiempo y que no lo deje para el último momento. Si tiene claro lo que quiere estudiar y sabe que en los Estados Unidos hay una formación más específica o más oportunidades, que se atreva a dar el paso. Al final es una experiencia que marca mucho tu vida personal y profesional. Además, el CCC es un servicio gratuito que ofrece un acompañamiento muy personalizado. Te guían en todo el proceso, te ayudan con los ensayos, con los plazos y con la toma de decisiones. Yo, sinceramente, ¡habría pagado por el servicio que me dieron!
¿Y a las familias, qué les dirías?
Que no tengan miedo. Los hijos no desaparecen: se continúa hablando mucho, se vuelve a casa por vacaciones y fines de semana largos, siempre que se pueda. La experiencia vale mucho la pena y ayuda mucho a crecer.
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